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 El jaguar fue uno de los animales más importantes dentro de la cosmovisión prehispánica, también llamado (Felis onca). Desde tiempos muy remotos los aztecas, mayas, olmecas representaban hombres con rasgos de felino o sus variantes. Siglos después, en Teotihuacan, este animal fue un motivo muy común, pero se representaba con atributos de otros animales, como aves y serpientes. El simbolismo étnico del jaguar alterna así dos ritmos de la noche, de la oscuridad. Lo oscuro como matriz o vientre de la tierra maternal (que genera nuevos frutos y vida) y la no luz como inmersión en una peligrosa región demoníaca. En la primera función, el jaguar es guardián de las oscuridades terrestres, desde donde brota la verde riqueza del suelo y la selva. En la segunda faceta, el jaguar mexicano se cambia en sol de tierra, sol nocturno. En numerosas mitologías, durante el crepúsculo, la exultante esfera solar se sumerge en el mundo subterránea. Otro aspecto a considerar es la intrínseca relación de las representaciones felínicas con la persona del "chamán", quien manifestaba una gran parte del conocimiento sobre la conducta del jaguar, a través del uso de alucinógenos y visiones. Parece haber sido el chamán quien mantenía continuos contactos con grupos selváticos recibiendo enseñanzas de cómo manejar el conocimiento recibido a través de averiguaciones por medio de visiones o viajes periódicos a la selva. De la larga noche de los tiempos emergieron sus rugidos, que han de haber asombrado y atemorizado a más de uno. Su fortaleza, su agilidad, su piel manchada, su sigilosa y peligrosa acechanza por las selvas mesoamericanas, han de haber infundido en los pueblos primigenios la creencia en una deidad, en un ente sagrado que tenía que ver con las fuerzas telúricas y con la fertilidad de la naturaleza. Los Olmecas, cuya enigmática presencia en Guerrero aún no ha sido del todo esclarecida, lo plasmaron en pinturas rupestres, en monolitos y en múltiples representaciones cerámicas y pétreas. Su carácter mítico se proyecta hasta nuestros días, en que su figura se recrea en una de las producciones mascareras más abundantes del país, en las danzas, en las ceremonias agrícolas de algunos pueblos, de la región de La Montaña, en los topónimos de varios pueblos, en tradiciones y leyendas. El jaguar (pantera onca) se ha convertido, así, con el devenir del tiempo, en un signo emblemático de los guerrerenses.El jaguar para los guerrerenses era símbolo militar, político y místico dentro de los pueblos, hacían extrapolar las características del jaguar y lo consideraban equivalente al león.En lo que respecta a lo militar tenía una alta capacidad combativa, la clase jaguar en aquellos tiempos, era grupo de elite dentro del ejército y no cualquiera llegaba a serlo tenia que demostrar que era hábil y con amplia capacidad combativa, es decir el solo tenía que ser capaz de combatir a un regimiento completo.En lo político debía tener un alto grado de capacidad de liderazgo, cuando se estuviera en peligro debía diseñar caminos alternos no seguir una misma ruta.En lo místico debía tener un alto grado de espiritualidad dentro de su fiereza y tiene una capacidad de nobleza y de bondad.El sendero del jaguar que existe en el estado de Guerrero, cruza entre Coahuayutla y termina en Xochistlahuaca es una franja que pasa por en medio del estado y la familiaridad de los yopes o del entonces Tecpan son derivadas de mexicas o aztecas y en determinados trayectos se llamaban de manera diferente y ellos se autonombraron de aztecas por que venían de Axtlán y en ese trayecto hay tribus que se desprenden de las que vivieron en Tecpan como lo son los: me´phaa, yopes, mixtecos y amuzgos.De estos primigenios antecedentes, se continuó la presencia del jaguar en múltiples figurillas de lapidaria, de procedencia incierta, lo cual llevó a Miguel Covarrubias a proponer a Guerrero como uno de los sitios de origen de los Olmecas. Otro de los momentos históricos importantes en que se ha plasmado la figura del jaguar ha sido en la temprana época colonial, dentro de los códices (documentos pictográficos en que se registró la historia y cultura de muchos de los actuales pueblos guerrerenses).Una de las referencias más tempranas lo constituye la figura del guerrero tigre que aparece en el Lienzo 1 de Chiepetlán, donde pueden observarse escenas de combate entre tlapanecas y mexicas, que precedieron a la dominación de la región de Tlapa- Tlachinollan por parte de éstos. En el folio 26 del Códice Azoyú 1aparece un individuo con máscara de jaguar, devorando a otro sujeto. La escena aparece asociada a la entronización del señor Serpiente de Turquesa, por el año 1477. La tigrada empieza a finales de julio y se prolonga hasta el 15 de agosto, en que tiene lugar la fiesta de la Virgen de la Asunción. El evento consiste en que grupos de jóvenes y adultos, vestidos de tigres, deambulan en manadas por las principales calles del poblado, vacilando a las muchachas y espantando a los niños. A su paso van emitiendo un bramido gutural. La conjunción de varios tigres en grupo, la fuerza de su atavío y sus máscaras, a lo cual se agrega su bramido y que, en ocasiones, arrastran una pesada cadena, ha de resultar lo suficientemente imponente para que muchos niños se aterren, literalmente, ante su paso. Los mayores, displicentemente, sólo los acogen en su regazo o tratan de decirles que son lugareños disfrazados, mas la explicación no convence a los pequeños, quienes tratan de huir.
Los olmecas consideraban al jaguar como su animal totémico principal, y como sinónimo de la madre tierra, y lo vincularon al hombre a través del culto a los recién nacidos, preocupados, de éste modo, por explicar los misterios de la fecundidad y del nacimiento. Por otra parte, en su simbología también estaba presente la serpiente acuática como símbolo del agua terrestre. De la fusión de ambos animales nació un monstruo sobrenatural en forma de serpiente-jaguar, que se volvió expresión del agua fertilizante que fecundaba la tierra, de la cual nacía la vegetación y el alimento del hombre, es decir, el maíz que era la propia vida. Y de este modo, el animal totémico y la serpiente adquirieron una forma divina que explicaba los misterios de la fecundidad y del nacimiento de los seres humanos.En los Aztecas, el jaguar tuvo una gran influencia. Se lo denominaba "Ocelotl", a quien consideraban como el rey de los animales. En Tenochtitlán los lideres militares de mayor rango, los guerreros más importantes y feroces vestían capas, tocados y mascaras hechas de plumas y piel de jaguar y eran llamados los caballeros jaguar, cuyo titulo seria "Tlacochcalcatl", jefe de casa de armas. Los emperadores aztecas no solamente se adornaban con capas, sandalias, y utilizaban insignias hechas de jaguares; tenían también el privilegio exclusivo de utilizar en los tronos, tapetes y cojines hechos de piel de jaguar, todo como símbolo de autoridad.El principio dominante del mundo espiritual de los aztecas es el dualismo; lucha cotidiana del día y la noche, del sol y la luna. A menudo se concreta bajo las formas inesperadas, como es el caso del águila que se opone al tigre, encarnando la primera a la luz y el segundo a las tinieblas.Para los aztecas, el altivo pájaro es mensajero de la voluntad divina. Su mito narra que allí donde un águila se pose sobre un nogal, se deberá erigir una gran ciudad. Y el ave de la ceñuda mirada se posó sobre la planta aludida. Entonces los aztecas erigieron allí Tenochtitlán, la capital del imperio de los adoradores de la serpiente emplumada Quetzalcoatl. Y el majestuoso pájaro en especial era, como águila solar, quien recibía el corazón de los sacrificados.En la mentalidad azteca, el águila es asimismo espíritu afín al jaguar. Ambos son protectores de las potencias guerreras terrestres. El animal esmaltado de manchas preside una de las cofradías secretas de caballería azteca, mientras que la otra es regenteada por la presencia señorial del ave de pico ganchudo. Al mismo tiempo, en el trono ceremonial del monarca azteca, éste se sentaba sobre plumas de águila y disponía sobre su espalda de un retazo moteado de piel de jaguar.En la cultura Maya el jaguar era denominado Balaam o Chac, y era símbolo de poder. La gente que utiliza vestimentas de jaguar era una persona con autoridad en la sociedad, por lo general representada en los códices. El Dios del Sol, se transformaba en jaguar para poder viajar durante la noche por el mundo de los muertos. La piel moteada de este bello felino, representaba las estrellas.Los mayas identificaban al jaguar con el número nueve, simbólico número de los países del inframundo. El dios felino es así "Señor de lo de abajo". Es también la tierra que, con sus fauces abiertas devora al sol entre las extenuadas luces del crepúsculo. Y luego, el animal moteado se muta en sol negro, viajero de la tierra subterránea que lleva sobre sí una concha marina, representación de la luna y, de manera paralela, del renacimiento (por ser la Luna, la Mujer de Plata, la que renace en el cielo nocturno luego de tres noches de muerte o ausencia).Su repetida victoria en el mundo infernal le otorga al jaguar poderes como psicopompo, guía del alma de los muertos. En esta arista de su existencia, el felino se confunde con el perro Xolotl, dios canino que acompaña al sol-jaguar, al sol de tierra, en sus nocturnas incursiones por las honduras terrestres. Es la habilidad del jaguar como guía lo que permite franquear los nueve ríos que impiden el libre acceso al Chocome Mictlan, el noveno cielo, inmortal residencia de los muertos.En su dimensión el jaguar se hermana también con el cocodrilo. Mixtecas y aztecas creían que la tierra surge de un cocodrilo que nada en un mar primigenio. Para los mayas, el cocodrilo de los comienzos transporta todas las geografías sobre su lomo. En su significación telúrica el cocodrilo puede sustituir al gran jaguar como "Señor de los Mundos infernales". El terrible habitante de las aguas también puede ser custodio de los cuatro extremos del mundo tal como acontece con el jaguar en la cosmovisión azteca. El cocodrilo de las fauces abiertas, a su vez, tal como aparece en las imágenes mayas, se identifica con el jaguar cuya fauces expandidas representan a la tierra engulléndose al sol en el ocaso.Otras culturas también rindieron culto al jaguar aunque no con la reverencia de los Aztecas, Mayas u Olmecas. Los Tarascos veneraban a la Diosa Xaratanga / Xaraqua que estaba asociada al jaguar/tigre y cuyo disfraz era la serpiente, se consideraba Madre de la humanidad. Posteriormente fue destronada con la introducción del culto masculino. Los zapotecos, rendían culto a los muertos, eran usadas figuras de tamaño natural de jaguar en las ceremonias. Era relacionado con la noche y el poder. En el caso de los Toltecas, éstos asociaban al jaguar con una figura de guerra, donde los representaban comiendo los corazones de sus enemigos y prisioneros. En el caso de los mixtecos se veneraba y respetaba a un personaje semejante a Quetzalcoatl que tenía atributos serpentinos y de jaguar. Los chorotegas y los nicaraos son dos pueblos mesoamericanos asentados en la baja Centroamérica que nos han dejado una rica iconografía pintada y modelada en sus cerámicas policromas. El jaguar es uno de los temas más usuales en sus decoraciones.El jaguar en sus representaciones modeladas de las vasijas efigie son las más realistas, y por lo tanto, las más fácilmente identificables.En primer lugar, los ojos son redondos u ovalados con un punto que se esquematiza en ojos circulares casi de lechuza, las fosas nasales son un rectángulo o un semicírculo, las fauces nunca muy salientes, son un rectángulo con los dientes dibujados dentro, las orejas son pequeñas y redondeadas, las manchas de la piel se representan por círculos negros grandes y pequeños. las manchas del jaguar es un tema frecuente en la decoración cerámica que, si no van asociados a otros rasgos distintivos del felino, pareces diseños geométricos, sin ningún significado.En lo que respecta a la figura del jaguar pintada sobre las paredes de las vasijas, tenemos como característica general la repetición de su dibujo de perfil. Dentro de este tipo podemos distinguir tres variantes:La silueta del jaguar es la representación más realista de este animal dentro del convencionalismo formal propio de la estética chorotega.El jaguar esquemático. Pueden ser siluetas de jaguar muy esquematizadas o solamente unos trazos en los que no se puede distinguir al animalEl jaguar con las fauces abiertas y la cola levantadas.
Cuando el jaguar no aparece representado entero puede darse que encontremos parte de sus elementos o rasgos sueltos, simbolizando que una parte del felino, el felino entero, sigue siendo la ley estilística de representar una parte por el todo.Es así como tenemos que el jaguar, símbolo tanto de Tlaloc como de Tezcatlipoca, simboliza preferentemente al dios de la lluvia, que soporta sobre su figura gran parte del contenido religioso-filosófico que los nahúas mexicanos atribuyeron después a Quetzalcoatl.
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