
Ciudad de México, 11 de julio del 2011
Muy buenas tardes, jóvenes amigos, jóvenes deportistas.
Nuestros queridos seleccionados de la Sub-17.
Qué orgullo, qué honor, también. Qué alegría nos da el poder verlos, nuevamente, ya como Campeones del Mundo. Se dice fácil, no lo es. Los mejores jugadores, el mejor equipo del mundo, abajo de los 17 años de edad.
Así que, muchas felicidades, muchachos. Y muchas gracias por venir aquí.
Saludo, desde luego, a Decio de María, y le transmito mi felicitación a todo el esfuerzo hecho por la Federación. Yo sé que son cosas bien difíciles, y siempre hay problemas qué resolver, opiniones distintas. Pero creo que el resultado también refleja el esfuerzo que ustedes han hecho.
Al Potro Gutiérrez, a quien, ahora sí que, los que ya pasamos de los 17 hace muchos, muchos años, nos acordamos mucho de él, como un gran jugador mexicano, y que ahora está haciendo una gran, gran labor, la mejor labor que se le puede pedir a un entrenador, que es hacer a su equipo campeón.
Así que, muchas felicidades, Potro, por este gran mérito.
Y a todo el equipo que viene con la Selección que, generalmente, no aparecen en las pantallas de la tele, no están en las jugadas, no son recordados, pero todos: masajistas, utileros, la gente de apoyo, la gente que cocina, la gente que prepara, etcétera, etcétera.
Hace semanas, poco más de un mes, probablemente, un poco más, recibí aquí a los muchachos, y los abanderé, a nombre de todos los mexicanos. Y recuerdo que, entre otras cosas, les comentaba yo lo que significaban los Símbolos Nacionales y, concretamente, el Escudo Nacional.
Como el águila, en su posición de ataque, reflejaba a México, por ejemplo, y a los mexicanos; y la serpiente podía representar, un poco, las amenazas o los adversarios de México; y que el águila, precisamente, devorando a la serpiente significaba que los mexicanos podemos superar cualquier desafío, me atrevo, por muy grande que sea, al que se nos ponga enfrente.
Y luego recordaba yo, con emoción, también, la misma que siento ahora, cómo tuve oportunidad de conocer a otros muchachos mexicanos, también de la Sub-17, en aquel 2005.
Y que ellos me explicaban cómo habían hecho un esfuerzo de una gran preparación física pero, sobre todo, una preparación mental. Y ellos mismos me enseñaban cómo se habían visto, cómo se habían visualizado, no sólo alzando la Copa del Mundo, sino también, ganando los partidos, ganando la final, ganando las semifinales, metiendo los goles, poniendo bien los pases.
Y hace poco, hace unos días concretamente, que estaba viendo la prensa, escuché las declaraciones de algunos de ellos. Y me dio mucho gusto ver, alguno de ellos, dijo: No, vamos a ganar, yo ya me visualicé, ya nos visualizamos ganando la final.
El día de ayer fue un día muy emocionante para todos los mexicanos, pero no fue un día único. Me imagino todo lo que tuvieron que vivir los muchachos preparándose, muchas veces lejos de su familia, todo lo que por sí ya han sacrificado, dedicándose al fútbol, que les ha implicado mucho esfuerzo, mucho sacrificio personal, familiar, de estudios. En fin. Y todo lo que ha implicado llegar hasta aquí.
Les tocó, además, un grupo bien complicado para iniciar la Copa del Mundo. A todos se nos fue el alma cuando Corea nos metió el primer gol del Campeonato. Pero volvió muy rápido, gracias a la enorme habilidad, al talento de los jugadores mexicanos y, sobre todo, a la garra que demostraron.
Y, miren que enfrentar al Campeón de África, enfrentar, que fue Congo; enfrentar al Campeón de Europa, que fue Holanda; enfrentar al Campeón de Asia, que fue Corea. Luego enfrentar al que siempre nos dejaba en cuartos de final, que era Alemania y derrotarlo de esa manera. Ganarle a Uruguay, que no fue un equipo fácil, un equipo duro, de muchos luchadores, a todos nos ha llenado de alegría.
Y, sobre todo, tengo que mencionarlo, el equipo fue fantástico en cada uno de los partidos, pero, particularmente, en el juego contra Alemania, que yo creo que, independientemente del juego de ayer, de la final, seguramente pasará a los anales de las glorias deportivas nacionales.
Por qué razón. Todo México estábamos viendo a los muchachos en ese partido. Y, desde luego, nuevamente todos sufrimos con ese 2-1 en contra, ya en el segundo tiempo, con el que, de acuerdo a la experiencia que muchos mexicanos hemos visto en el fútbol, era prácticamente una lápida ya, y un fin triste de la historia, como otras veces nos había ocurrido.
Sin embargo, creo que todos vimos a un equipo distinto. No me refiero a la edad porque son unos muchachos, son unos jóvenes; no sólo me refiero a la técnica, porque, la verdad, yo hacía mucho que no veía un cuadro. Tenemos un gran equipo de fútbol en varias selecciones, pero éste es un cuadro especialmente talentoso en la manera de tocar el balón, en la manera de dar pases, en la manera de llenar huecos, en la manera de defender. En fin.
Es un equipo muy especial, pero, sobre todo, un equipo que tiene un extraordinario carácter, porque nunca se rindió, nunca se rindió a pesar de tener, precisamente, marcadores en contra en momentos cruciales.
Y, desde luego, nos acordamos muy bien de esa escena. Y, la verdad, es que, aunque en esa escena hubo algunos protagonistas específicos, como Julio Gómez, como Espericueta. En fin. Todos los jugadores, desde Richard en la portería, hasta adelante. En fin. Todos, todos han tenido un desempeño espectacular.
Pero en ese juego, cuando viene ese golazo de Espericueta, que es un gol olímpico. Yo no sé qué tan frecuente sea que haya goles olímpicos en los campeonatos mundiales, habrá que echar una buena revisada, de por sí son rarísimos los goles olímpicos, pero ese, especialmente más. Una gran técnica de Jorge.
Y vino el momento muy dramático del cabezazo, el golpe de Julio Gómez. Y todavía seguían los problemas porque la Selección se quedaba con 10. Ya se habían hecho los cambios, vimos salir en camilla a Julio, él mismo narra que estuvo semiinconsciente en esos momentos, y el poder volver a la cancha, el poder meter ese gol en el último minuto reglamentario, que fue obra de todos.
Esa magnífica delantera que tiene esta Selección. Esa magnífica delantera que han hecho, verdaderamente, goles históricos. Esa delantera con Fierro, con Bueno, con Casillas. En fin. Verdaderamente hizo que se coronara ese triunfo y le dio a todos los mexicanos una gran alegría y una gran esperanza.
Y la final, que no podía ser menos, en pleno Estadio Azteca. Qué maravilla y qué privilegiados somos los mexicanos de ganar en nuestra propia casa, en el estadio que, entiendo, sigue siendo el más grande del mundo, y ver ese gol del capi Briseño, que nos volvió el aliento a todos.
Otra vez una obra magnífica de la delantera de la Selección, un extraordinario pase desde media distancia, el cabezazo de Fierro mismo, otra vez, tengo entendido. Luego, el remate ahí, en condiciones muy difíciles, casi en la raya, del capi Briseño. Y luego, finalmente, el gol final de Casillas, que remató las cosas.
Pero, nuevamente toda la Selección jugando a todo pulmón, como dice la canción, con fuerza, sabiéndose que representaban a México.
Yo, honestamente, quiero darles las gracias, muchachos, porque nos han traído algo más que la Copa del Mundo, que el Trofeo de Campeón del Mundo. Mucho más que el Trofeo del Mejor Jugador o los mejores jugadores, que se ganaron a pulso. Nos han traído una gran alegría a todo México.
Y nos han recordado a los mexicanos lo mucho que vale nuestro país, lo mucho que vale nuestro México, cuyo nombre y cuyos colores a todos nos emocionan. La gran alegría y la gran esperanza, y la gran confianza en nosotros mismos, que nos han dado y que nos han restituido, estoy seguro, a todos o a buena parte de los mexicanos.
Yo estoy convencido de que México no va a ser el mismo que antes después de este Campeonato del Mundo. Hay muchas cosas que hacer, desde luego, los problemas siguen. Pero creo que tiene que cambiar. Y esa es la responsabilidad de todos los que estamos fuera de la cancha. Tiene que cambiar la manera en como enfrentamos las cosas, tiene que haber un espíritu distinto y mejor.
Tenemos que seguir, tenemos que igualar, tenemos que aprender mucho de la garra, del coraje, del tesón, de la perseverancia de estos jóvenes de la Sub-17.
Yo quiero desearles a ustedes que, como lo han hecho esta mañana en la calle, con la alegría de la gente, que sigan disfrutando mucho, mucho este triunfo. Que sigan preparándose como lo que son, los mejores del mundo. Que desarrollen sus carreras profesionales en el fútbol a plenitud. Que les vaya muy bien.
Que las familias de ustedes que hoy los celebran, y que son el orgullo de sus papás, de sus mamás, de sus hermanos, de sus vecinos, de sus compañeros, los aliente todos los días a ser todavía mejores.
Y que este Campeonato, Bicampeonato ahora, somos Bicampeones del Mundo en la Sub-17, se prolongue. Y, es más, cuando ustedes vayan a otras categorías, cuando sean los titulares de la Selección Nacional, la Selección Mayor, como decimos, vayan y se pongan ahora, desde ahora en mente y visualicen muy bien, el ser campeones del mundo para México en esa Selección Mayor.
Faltan muchos años, es cierto, para que estén ahí, quizá no muchos, pero, por lo pronto, esta gran satisfacción que le dan a México yo la agradezco, a nombre de todos los mexicanos, a los que represento.
Y estoy seguro que el cambio que le han dado en el ánimo de la gente, en la actitud de los mexicanos va a ser un cambio para bien, que mucho necesita el país, y que mucho les agradece la Patria.
Así que, felicidades muchachos. Son dignos campeones del mundo. Y le han dado una gran alegría a todos los mexicanos.
Muchas gracias. |